La cultura de la discriminación

Claudio Durán es riguroso en su análisis sobre las expresiones racistas que a veces manifiestan increíblemente algunos autores que no entienden el hecho de la diversidad cultural.

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Culturas: La cultura en plural

Los diversos grupos humanos con el pasar del tiempo han ido formando un bagaje de conocimientos que son transmitidos de generación en generación, con mayor o menor eficacia, con mayores o menores cambios.

Estos conocimientos son considerados de importancia vital ya que incluyen códigos de comunicación, normas éticas, conceptos estéticos y algunos otros elementos que hacen más posible y viable la coexistencia y la calificación de los que forman ese grupo humano, dando además a los individuos un sentido de pertenencia y una certeza acerca de su origen.

Cuantos más conocimientos aplicados de su cultura tiene un individuo, es éste más respetable, más sabio y más aceptado en su entorno.

Las diferencias entre una cultura y otra pueden ser muy drásticas. Lo que es bello en una cultura, puede ser difícil de aceptar en otra. La ópera china puede resultar grotesca para un occidental que no conozca la profundidad de este refinado arte. Lo que significa que es necesario mantener una mente abierta para no perderse placeres estéticos que nunca hemos probado.

Las culturas más antiguas y cimentadas muestran rasgos más visibles y permanentes, ya que, con el tiempo, son la fecunda tierra en la que germinan obras literarias, pictóricas, musicales, etc.

Esto es opuesto totalmente a la globalización, que es la homogeneización de la humanidad reemplazando la cultura por la moda.

Cultura y aislamiento

Cuando vemos una india del oriente ecuatoriano con una camiseta de Marilyn Manson experimentamos una sensación de invasión y de aculturamiento o aculturación.

A veces quisiéramos estar en un nicho de aislamiento para impedir todas las nefastas consecuencias de la influencia de otras culturas en la nuestra.

Pero aunque resulte absurdo, esa permeabilidad puede ser un síntoma de salud, ya que se produce por la aceptación de otras culturas. Lo opuesto a esto es aferrarse fanáticamente a lo propio rechazando todo lo que sea diferente a ello, como lo propugnan los defensores de “la cultura” en singular.

La cultura (en singular)

Hace aproximadamente cinco siglos llegaron a América los europeos, de una manera notoria.

Digo ‘de una manera notoria’, porque antes de los conquistadores españoles ya habían venido por estos lares los vikingos nórdicos que al parecer no eran tan bestias como nos los pintan, sino todo lo contrario: cultísimos y respetuosos, como los actuales suecos, finlandeses y noruegos. Aunque pasaron por aquí, no se hicieron sentir.

Pero los conquistadores españoles eran otra cosa. Ellos portaban “la cultura”. No sólo su cultura, sino “la cultura”. La única cultura…

Es más, podríamos decir que su cultura se basaba en la creencia de que era la única cultura y su religión la única religión.

Basados en esa convicción -que, además de absurda, es propia de una mentalidad corta y de personas incapaces de aceptar la diversidad- era que consideraban que todas las conductas de los aborígenes americanos se producían por la ausencia de “cultura” y no por la presencia de una cultura diversa a la de ellos.

Eso era mucho peor que creer que la tierra es cuadrada, ya que los hacía pensar en obligar a los naturales de estas zonas a abrazar “la religión”  abandonando las prácticas paganas para ellos y a adoptar “la cultura” para convertirse en individuos un poco más aceptables y tolerables para los europeos.

Los portadores de “la cultura” no dudan en desacreditar y descartar todo lo que sea diferente a ella.

Segundo Luis Moreno

También algunos de “los conquistados” abrazaron “la cultura” y “la religión” con tanta vehemencia que, pese a haber dado importantes aportes a sus países, con el fin de congraciarse con los hispanos, se expresan de forma discriminatoria y racista de los indígenas, los negros y todos los que sean diferentes a los conquistadores.

Tal es el caso del notable músico y musicólogo nacido en Cotacachi, Segundo Luis Moreno.  Aunque se considera notable su aporte a la musicología del Ecuador con sus investigaciones y a la música académica local con sus composiciones, en sus libros, hechos con el afán de educar, se incluyen conceptos discriminadores y racistas en contra de sus propios coterráneos y connacionales.

Por un lado, tomó de la música indígena los temas musicales para sus composiciones, y por el otro descalificó a los indios dueños y cultores de esa música ancestral con insultantes calificativos y borrando con el codo lo que escribió con la mano.

Moreno comienza su libro La Música en el Ecuador y su análisis musicológico de la música ecuatoriana diciendo esto de los negros:

“El origen de la música -no cabe dudarlo- es tan remoto como el del hombre: en sus primeras manifestaciones no pudo haber sido otra cosa que la expresión instintiva de las sensaciones del animal superior, por medio de ciertas inflexiones de voz, de alaridos y palmoteos, con que habrá procurado sostener el ritmo de la danza. Esto –para mí- es indudable, después que he presenciado ciertas diversiones en un pueblo de negros, que casi en nada difieren de mi anterior aserto.”

Se refiere así a las  culturas antiguas de la Costa:

“De la región litoral no nos queda ninguna melodía autóctona, y apenas si existen algunos instrumentos de barro, de la época preincaica. Esto, y el hecho mismo de que los indígenas de la costa hubiesen abandonado su idioma y sus costumbres para adoptar los de los conquistadores, nos prueba el poco apego que tuvieron por sus tradiciones y -por ende- el casi ningún desarrollo del arte en esta región. En lo que a la música se refiere, debió haber sido tan pobre, que a poco menester fue absorbida totalmente por la bulliciosa música de los negros esclavos…”

“Cuando el calor y los bichos -propios de climas insalubres- no le dejan a uno momento de sosiego y tranquilidad, cuando sabe que el suelo que pisa es mortífero, y que el rato menos pensado puede contraer algún mal que corte para siempre el hilo de su existencia, no es posible que pueda concretar toda su atención y sus facultades a las concepciones artísticas, que demandan serenidad y plena posesión de sí mismo.”

Los indios de la Sierra tampoco se salvaron:

“Pues, me parecía estar viajando por un mundo deshabitado, sin vitalidad;  y desde entonces he podido explicarme más claramente la melancolía ingénita del indio taciturno de la sierra andina, que vegeta abandonado en tales parajes de desolación, y asimismo he comprendido la causa principal de esa su irresistible inclinación a las bebidas alcohólicas, que le va conduciendo, rápidamente, a la inevitable degeneración de la raza.”

Y esto dice de los indios del Oriente:

“Aquí no hay ciudades, villas ni poblados; en esta vastísima y exuberante región -mundo nuevo de naturaleza virgen- en que podrían vivir y sustentarse doscientos millones de habitantes, apenas cuenta con unos pocos miles de salvajes, dispersos en tribus nómadas, que -desde tiempo inmemorial- no tienen otro empeño que el de destruirse mutuamente por medio de la guerra, que es entre ellos el estado normal de vida. Por esto la población disminuye constantemente en la región.

El indio del oriente, que no reconoce más ley que su caprichosa voluntad, es soberbio, altanero, dominante,…”

Cuando Luis A. Rivadeneira escribe la presentación del libro citado, dice:

“Pero si bien Moreno analiza la música ecuatoriana, sobre todo la autóctona, desde una perspectiva europeizada -pues no se puede evadir totalmente la cultura que se nos impone-, no significa que la considere inferior ó superior a la música de Occidente…”

Parece tratar de disculparlo, pero, leyendo la obra, desde sus primeras líneas citadas, parece que no era así. Y lo podemos confirmar con esta cita del mismo libro de Moreno:

“Y es que la música desempeñó -sin duda alguna-  el papel más importante en la evangelización de los aborígenes del Nuevo Mundo. Lo que jamás hubiera podido la espada; esto es, atraerse los corazones de los conquistados, y lo que difícilmente habría conseguido sólo la palabra evangélica en mentes tan rudas como las de los indígenas, lo pudo con sus notas impalpables el divino arte, transformado en cánticos de tierna piedad y amor, que unían en una sola plegaria -como de un solo corazón-  los nobles sentimientos y aspiraciones que animaban hacia la Divinidad a españoles e indígenas. Entonces comprendían éstos que el Dios de los blancos era también su Dios, y sus almas se inundaban  de dulce esperanza, al comprender que todos eran ovejas del divino aprisco.

Sin el concurso de la música, juzgo que hubiera sido muy difícil -casi imposible- la evangelización de los aborígenes, y los conquistadores habrían tenido, al fin, que arrasarlos, como hicieron los ingleses en Norteamérica.”

Moreno, desde las alturas de su erudición musicológica, también tiene su opinión en cuanto al pasillo ecuatoriano:

“Pronto se aclimató aquí esta danza, y los primeros pasillos compuestos en este país tenían todo el carácter y el sabor de los colombianos, que se distinguen por su ritmo y melodía elegantes.

Paulatinamente ha ido separándose nuestro pasillo de su modelo original, y ahora de éste no conserva sino el nombre. Ha moderado cada vez más su movimiento, al mismo tiempo que la melodía ha venido tornándose lúgubre.

Algunos pasillos de los actuales, de melodía quejumbrosa y vulgar, de armonización pobre y de ritmo soporífero, más que danzas populares semejan el plañido de las indias de nuestros campos.

El modo menor domina en toda su plenitud en los pasillos, y yo no comprendo como mis compatriotas puedan sentir tanta alegría al escucharlos;  y aunque les veo siempre alborozados al oír música triste, he dudado más de una vez de la sinceridad de tales manifestaciones de placer.

De todas maneras, estoy convencido que la exclusividad del modo menor en la música -sin modulaciones ni variedad rítmica- deprime el ánimo de las personas, especialmente de las de temperamento nervioso, delicado. Por esto, me permitiría insinuar a los compositores ecuatorianos que en lo sucesivo sean menos pródigos de aquella tonalidad, haciendo uso más frecuente del modo mayor.

Si queremos construir verdaderamente una raza viril, habrá que tener muy en cuenta esta insinuación.”

En un concurso de TV, Segundo Luis Moreno fue propuesto como el mejor ecuatoriano, pasando por alto sus ideas discriminatorias y el racismo de sus escritos, los cuales parecen quedar disculpados por su labor musicológica. 

Existen también otros numerosos libros (imposibles de citar en este breve espacio pero ampliamente conocidos), algunos de ellos ilustrados con dibujos, que documentan costumbres, vestimentas, arte y festejos de los indios locales, pero con una actitud parecida a la de Darwin estudiando a los pinzones y nunca considerando que los seres objeto de estas crónicas fueran humanos iguales a los autores de los escritos.

Está demás decir que son inconvenientes para educar a nuestros artistas estos escritos, para cuyos mentores el arte de nuestra cultura es simplemente artesanía.

Aceptar y, no se diga, ensalzar a estos autores por sus investigaciones pasando por alto sus aberrantes expresiones de racismo, es como aceptar el mítico trueque de espejitos por oro.

En la actualidad, lamentablemente, los gestores de la cultura cierran los espacios “serios” a la expresión local porque piensan como los conquistadores, desde la perspectiva de “la cultura en singular” (utilizan el argumento de “cultura universal”), sin darse cuenta de su actitud extemporánea en una época en que los artistas vuelven a rebuscar en las raíces para encontrar la inspiración que ya se agotó en la superficie.

La cultura del hombre contemporáneo debe comenzar con un profundo conocimiento y práctica de su cultura local y una mente abierta y ecuánime, no sólo para tolerar, sino también para disfrutar y comprender las culturas de otros grupos humanos.

La interculturación es parte de nuestra “ecología humana” y hay que perderle el miedo fortaleciendo el arte propio.

Este texto fue publicado en la revista número 6 impresa en abril de 2006

(1959 - 2020) Músico - Productor Musical - Asesor en comunicación política y publicitaria - Escritor

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